La cocina italiana ha sido reconocida como una práctica cultural viviente, fundada en la valorización de las materias primas, en el respeto de la estacionalidad, en la atención a la sostenibilidad y en el rol central de la convivialidad. Un patrimonio que se renueva cotidianamente en los hogares, en los colegios, en los mercados y en las comunidades locales, gracias a la transmisión intergeneracional de los saberes y a la riqueza de las tradiciones territoriales.



